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Ser madre de un policía…

Quito, 12 de octubre de 2019. Es emocionante ver a un policía hacer una pausa a su trabajo, por el día de las Madres. Sin embargo, es más conmovedor para las madres disfrutar, por corto tiempo, de sus hijos, que lo entregan todo para velar por la seguridad de otras personas.

Las madres de los uniformados viven diariamente entre el orgullo, el amor, la admiración y el miedo. No es fácil dejar de preocuparse por sus hijos, que salen a las calles a enfrentar peligros.

Así lo narra -con voz entrecortada- Mercedes Conchignia, de 67 años. Ella tuvo que vivir la desesperación, cuando por las noticias se enteró que un delincuente apuntó con un arma a su hija, durante un operativo. “Gracias a Dios, el arma no se disparó y lograron apresar al delincuente”, relata.

La institución está llena de este tipo de historias. Rosario Tovar, por ejemplo, tuvo que aceptar que dos de sus hijos decidan servir en la Policía Nacional y que uno de ellos, hace 20 años, pierda la vida en el cumplimiento del deber. Su otro hijo, el coronel Pablo Cerda, le agradece por su respaldo y por ser su fuente de inspiración.

El orgullo y el honor de ser la madre de un policía, es lo que muchas madres revelan en sus ojos al ver a sus hijos con sus uniformes. Estas mujeres son ejemplo para los héroes de paz. Andrea Jara basa su vida y su profesión policial, en la lucha que su madre, Zoila Porras, tuvo contra el cáncer. Hoy ella está mejor de su salud, y Andrea le agradece por ser su impulso diario.